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Capítulo 6 - Algunas consideraciones probabilísticas: ¿YHVH o la casualidad?

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Capítulo 6 - Algunas consideraciones probabilísticas: ¿YHVH o la casualidad?

”Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos”
Isaías 55:9

Hablemos ahora de Don Escéptico. Este es un personaje que todos conocemos. ¡Yo he sido Don Escéptico durante 40 años de mi vida! Don Escéptico comenzará por cuestionar el método. Él dirá algo así: es cuestión de ir tanteando fórmulas hasta dar con una en que aparezcan π y e como resultado. O bien, Don Escéptico dirá que esto ha sido una casualidad. O cuestionará a la propia Gematría: tal vez se asignaron los valores a las letras y números del alfabeto hebreo y griego con la intención de que esta fórmula diera respectivamente π y e en esos dos versículos.

Como veremos a continuación, las 3 objeciones de Don Escéptico no resisten el mínimo análisis y chocan con el más elemental sentido común. Y esto es lo más llamativo, porque ocurre que Don Escéptico se cree que es el rey del sentido común.

 

6.1) La objeción del método

Esta objeción de Don Escéptico es así: si busco otra fórmula puedo obtener otro número. Es cuestión de ir tanteando fórmulas hasta encontrar π en Génesis 1:1. Pero esta objeción se encuentra con 2 dificultades: el nivel de precisión para π en Génesis 1:1 es de una parte en 200.000. De forma que necesitaríamos encontrar unas 200.000 fórmulas para que, sólo por mero azar, una de ellas dé π con este nivel de precisión. Y todo este esfuerzo sería inútil para encontrar a e en Juan 1:1: ¡sería demasiada suerte toparse con e en Juan 1:1 utilizando la misma fórmula! En ese caso tendríamos una chance de uno en 200.000*300.000 = 60.000 millones aproximadamente. ¿Habrá 60.000 millones de fórmulas matemáticas tan simples como la que nosotros utilizamos? A todos los Don Escéptico del mundo, ¡les dejo como ejercicio buscarlas!

 

6.2) La objeción de la casualidad

Aceptando que no hay truco con el método, se podría replicar que todo esto ha sido una casualidad. Ahora bien, concediendo que pudieran existir unas 100 o 200 fórmulas matemáticas simétricas utilizables, de dificultad similar, para obtener números racionales a partir de la Gematría de un versículo (por ejemplo: PROLET/PROPAL, PROPAL/PROLET, NUMPAL*PROLET/PROPAL*NUMLET, etc.), y cuesta imaginar de dónde alguien podría sacar una lista de 100 o 200 fórmulas tan sencillas, completas y simétricas como PROLET*NUMLET/PROPAL*NUMPAL (otro ejercicio que podemos dejar como encargo a nuestro testarudo y empeñoso Don Escéptico), pues ya de por sí es difícil imaginar 10 o 20, concediendo, pues, incluso que existieran unas 100 o 200 fórmulas así, la probabilidad de que por casualidad estuvieran π y e en esos dos versículos, precisamente en esos dos versículos tan especiales, es de 1 en (60.000/200) millones = 1 en 300 millones. No hay en este mundo una lotería que sea tan difícil y poco probable de ganar. De modo que es menos probable que esto haya sido casualidad, estimado Don Escéptico, a que usted gane la lotería en algún momento de este año. Siga probando, si usted tiene tanta fe en que esto es casualidad, entonces deberá tener mucha más fe en que ganará la lotería este año, pues la diosa casualidad está de su lado: pues es mucho más probable que usted gane la lotería, a que π y e estén por casualidad en la Biblia. Y usted tiene tanta fe, tanta seguridad, tanta ciega confianza en que esto es una casualidad, que puedo afirmar sin titubear que usted tiene más fe en la diosa casualidad de la fe que muchos que se dicen cristianos tienen en YHVH y Jesucristo. Dicho sea de paso, ¿no confirma esto que su presunto escepticismo, Don Escéptico, es un mal llamado escepticismo? Usted ha tomado partido, ha decidido ciega e irracionalmente, ha elegido creer algo completamente inverosímil e improbable, contra toda racionalidad. De pronto se le dio vuelta la tortilla. ¡Usted es un hombre de fe, Don Escéptico! Pero ocurre que usted no tiene fe en Dios. Usted tiene fe en las mentiras del otro.

 

6.3) La objeción contra la propia Gematría

Entonces Don Escéptico podría alegar: tal vez asignaron los números a las letras para obtener estos dos valores especiales.

Dejando a un lado el hecho de que es inverosímil que alguien pudiera hacer esto incluso hoy, puesto que sería un problema NP-completo lograr tal cosa, y ni con todas las computadoras del mundo podríamos hacerlo, ¡y ni qué hablar hacer esto a mano hace 3000 y 2000 años respectivamente para esos dos versículos de Génesis y Juan!, tenemos la garantía histórica de que no hay truco en estos valores, porque conocemos bien la secuencia de eventos que condujeron a ellos, la cual es como sigue:

 

6.4) Una observación final a propósito de la pregunta: ¿YHVH o la casualidad?

Don Escéptico seguirá diciendo: la casualidad. Su fe ciega está puesta de un lado, y negará toda evidencia a favor del otro. Pero detengámonos un momento en esto. ¿A favor de qué lado está puesta la fe ciega de Don Escéptico? A favor del lado en que las cosas se explican sin YHVH. Tiene que haber una explicación que no requiera a Dios. Tiene que haberla, dice Don Escéptico. Y una vez que la encuentra, por disparatada que sea, se aferra a ella. No se equivoca intencionalmente, y sin embargo, subyace en lo que hace la intención de equivocarse. Cuando no encuentra una explicación alternativa, entonces se aferra a la última tabla de flotación que tiene siempre disponible: es casualidad. Y esto nos lleva a una observación muy importante a propósito de las convicciones del hombre moderno.

Se nos ha inculcado en la escuela, y lo creímos ciegamente, que la vida y el hombre son producto de la evolución. La selección natural operando mediante las leyes de la probabilidad y del azar. Somos, por lo tanto, producto de la casualidad. Así se divierte Satanás insultando a Dios: puedo hacer que tus criaturas crean que no es necesaria ninguna inteligencia para crearlos. ¡Puedo hacer que crean que ellos mismos son producto del azar! ¿Se entiende el monumental insulto hacia Dios? Los seres humanos se reirían ante la idea de que el azar pudiera producir un Ferrari o la partitura de una sinfonía de Beethoven, pero por alguna razón curiosa, que tiene que ver con el libre albedrío que nos dio Dios, a los seres humanos no les parece sorprendente que un ser vivo pueda ser producto del azar. Eso es natural, dirán. Eso es selección natural operando en millones de años. Y se refugian en esos números grandes: millones de años. En millones de años pueden ocurrir muchas casualidades, ¿cierto? Se unen unos átomos de carbono con otros de hidrógeno, y otros de oxígeno, y alguno de nitrógeno, y así o asá se van juntando y de repente, pero nadie sabe bien cómo, tenemos un aminoácido, o una timina y una citosina, y luego una proteína o una molécula de ARN, y luego una molécula de ADN, y luego una pared celular, y luego un ribosoma, y luego una célula. Pero ese es el asunto: nadie sabe bien cómo. Sin embargo, a pesar de que nadie sabe bien cómo, damos por sentado que tuvo que ser así, porque sinó, y acá preste atención el lector, ¿qué otra explicación habría? Habría la otra, la que no quiere escuchar Don Escéptico, la misma que se negará a escuchar para el caso e y π.

Lo cierto es que es todo lo contrario. Pongamos un ejemplo elemental, uno de los miles que cualquier persona con sentido común y un poco de gusto por los números se podría haber planteado. ¿El sentido común no es el patrimonio de Don Escéptico? ¿Cómo es que Don Escéptico no lo ha pensado, entonces? No olvidemos la respuesta: Don Escéptico tiene fe en que todo ha ocurrido sin la intervención de Dios. Busca, en base a esa fe, una explicación que no requiera a Dios. Y debido a esto, tiene una barrera psicológica para aplicar su sentido común a estas búsquedas. ¡No fuera a ser que se topara con la realidad ineludible de que el azar es una justificación imposible para explicar su propia existencia! ¡Qué incómodas serían las consecuencias morales para Don Escéptico!

La más pequeña de las proteínas conocidas tiene unos 25 aminoácidos. Las más pequeñas y sencillas en las cuales se fundamenta la vida celular y que son necesarias para la formación del ADN, de 50 a 100 como mínimo, y hasta miles de aminoácidos en ciertos casos. Pero consideremos una proteína sencilla típica de 50 escalones. Pensar que tal molécula podría ser producto del azar, de la casualidad, requiere aceptar que se han combinado en el orden y del modo correcto estos 50 aminoácidos por azar, por accidente, por casualidad. A primera vista no parece algo imposible si uno tiene millones de años para hacer pruebas, ¿cierto? Ese es el problema con los grandes números, encandilan fácilmente a quienes creen tener un sentido común que no tienen. La probabilidad de que esto ocurra, si la calcula Don Escéptico (se lo dejo como ejercicio, deberá hacer una rápida consulta a algún bioquímico para saber qué factores deberá tener en cuenta), incluso si todos los átomos de carbono, oxígeno, hidrógeno, nitrógeno y demás necesarios disponibles en el universo se hubieran utilizado exclusivamente para formar aminoácidos, e incluso si todos esos aminoácidos del universo no hubieran hecho más que intentar una y otra vez una configuración posible de 50 escalones, sin repetir las que ya hubieran probado, desde que el universo existe hasta hoy, a un ritmo de un intento por segundo por cada 50 aminoácidos, incluso así, la chance de que por azar se hubiera formado tal molécula en el universo al cabo de 15.000 millones de años sería de una en billones. Y si consideráramos una proteína más realista pero aún muy pequeña, una de unos 100 aminoácidos, entonces la probabilidad correspondiente haría que fueran necesarios universos de universos, y edades del universo de edades del universo, dedicados pura y exclusivamente a probar todas las combinaciones posibles, sin repetir las que ya se hubieran probado, para que hubiera una chance en trillones de que esto ocurriera. Es decir, ¡esto es mucho menos probable a que e y π estén en la Biblia por casualidad!

No pierda más el tiempo con este artículo, Don Escéptico, si usted cree en la Evolución de las Especies, si usted se empeña en aceptar que usted mismo es producto de las leyes del azar, su propia ciega fe en lo que le inculcaron sus mayores desde la infancia lo pone a salvo de ver lo que intentamos mostrar aquí. Qué curioso, Don Escéptico. Habitualmente usted atribuye esa fe ciega en cosas inculcadas por sus mayores a los que leen la Biblia.